Una boda 100% homemade

Mi esposo y yo llevábamos ya tres años de novios, desde que empezamos a estar juntos decidimos pasar el resto de nuestras vidas juntos, pero el trato era esperar un tiempo para terminar la universidad y encontrar trabajo… todo sonaba muy bello, los planes para ahorrar, el futuro juntos, pero la realidad fue otra.

Unos meses antes de terminar la carrera, mi novio tuvo que dejarla para ayudar en su casa debido a una crisis económica de la familia; yo me quedé sin trabajo y tardé en conseguir otro, que está más cerca de casa y tiene un horario más flexible, pero el pago es menor al que tenía en el anterior. La situación económica tiró al suelo la fabulosa boda que teníamos en mente.

Pero estábamos decididos a casarnos, el dinero no sería un obstáculo para tener una boda de ensueño.

Pedimos prestada la casa de un tío de mi marido, que tiene un patio bastante grande, así que nos dedicamos a arreglar el jardín entre los dos: sembramos flores, pusimos piedras de río, hicimos un caminito con piedras y rosas, hasta donde quedaría el “altar” donde fue la boda civil. Rentamos un toldo, sillas, mesas, manteles y hasta platos.

Uno de mis mejores amigos se ofreció para ser el DJ, trajo su equipo de música, bocinas, su lap y unas luces, además de un micrófono para hacer el brindis. Mi ahora esposo y yo cantamos un par de canciones en el karaoke y algunos invitados también nos dedicaron palabras y canciones.

Mi trabajo humilde me permitió tener el tiempo para hacer varios recuerdos, invitaciones, centros de mesa, unos cuantos dulces de recuerdo y otras cositas: en Internet encontré muchos tutoriales DIY y encontré unos para hacer mi propio ramo, así que los centros de mesa, el ramo y una pequeña tiara combinaron a la perfección porque los hice yo. Bueno, mi esposo me ayudó, igual que mi suegra y mi mamá y hermana. Fue un trabajo arduo, pero nos unió como familia a todos, pues nos juntábamos para trabajar hasta la madrugada, así que cenábamos juntos, platicábamos y nos dábamos más ideas para la fiesta.

Por si esto fuera poco, la comida la hicimos los mismos: espagueti, pierna adobada, ensalada y postre; nuestros hermanos se apuntaron a servir a los invitados, así que pudimos estar sentados y contentos con la compañía de amigos y familiares.

Al final terminamos molidos, recogimos nuestras cosas, limpiamos, entregamos todo lo rentado y corrimos a los que terminaron borrachos, pero felices; tuvimos una boda perfecta y empezamos nuestra vida de casados con el pie derecho.

¿Te casaste hace poco y quieres contarnos tus experiencias? Mándanos tu testimonio y lo publicaremos en Diario de una Novia

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