La boda más memorable

He ido a toda clase de bodas, en la ciudad, en el campo, en la playa, en salones, en jardines, en casas, etc., sin duda en todas me he divertido mucho, pero la que más he disfrutado es la que a continuación les voy a contar.

Me fui de vacaciones con mi novio a Guerrero, íbamos en plan viajero, así que llevábamos nuestras casas de campaña para acampar en donde la noche nos encontrara. Resulta que nos encontró en un pueblo llamado Peñitas, casi llegando a Oaxaca. Una señora, la señora Lila nos dio permiso de acampar bajo su ramada gratis con tal de consumir la comida y bebidas ahí, estuvimos de acuerdo y nos instalamos. La noche cayó y mi novio y yo nos disponíamos a contemplar el anochecer cuando doña Lila nos invitó a una fiesta. Ella la llamó una fiesta, nunca especificó de qué trataba, después de dudarlo un poco, aceptamos ir con ella.

Caminamos unos cuantos metros y llegamos, era una cancha de basketball cubierta, ahí habían sillas, mesas y una gran tarima en donde tocaba el grupo más popular del pueblo instalados. Al llegar, todos nos recibieron con tanta familiaridad que pronto nos sentimos como en casa, nos sirvieron comida, nos dieron cervezas y nos sentaron en la mesa de los tíos de la novia. Eran muy jóvenes los dos novios, 19 y 20 respectivamente, estaban muy felices.

El grupo tocaba a todo lo que daba, la media noche se acercaba y empezó el típico juego de tirar a la novia de la silla. Todas las invitadas, formadas una tras otra empezamos a correr por la pista, tratando de tirar a la novia, todos reían, ahí nadie era un desconocido. Como no logramos tirar a la novia, siguió el juego pero ahora para el novio. Se formaron los hombres, entre ellos mi novio, empezaron a correr y al estar en mitad de la pista, salieron hombres de todos lados con cubetas de agua y mojaron a los que intentaban tirar al novio, la fila se deshizo y procedieron a cortar el pastel.

Un enorme pastel de cinco pisos fue llevado por los hermanos de la novia. Cortaron juntos el pastel, se dividió y se sirvió en platos de manera que nadie nos quedamos sin pastel.

Conforme avanzaba la noche, los invitados cavaban hoyos en la arena de donde sacaban cartones de cervezas que repartían a todo el que se acercara, pero la hora llegó y tuvimos que partir. Un par de muñecos con el nombre de los novios se dio a forma de recuerdo; un par de muñecos me recuerdan la boda más divertida a la que he ido.

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